Saturday, September 11, 2010

Madre Patria

“La Patria (del latín patrĭa,familia o clan > patris, tierra paterna > pater, padre) suele designar la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos de diversa índole, como afectivos, culturales o históricos.
También se llama patria a la tierra natal de los padres de una persona, a la cual se siente ligado afectivamente sin necesariamente haber nacido en ella.
El significado suele estar unido a connotaciones políticas o ideológicas, y por ello es objeto de diversas interpretaciones así como de uso propagandístico.”  Wikipedia

Dice también Wikipedia en su definición de Patria, que el concepto de Patria es “…inminentemente latino…” en contraposición al principio Sajón de “Country”, más bien ligado al que nosotros conocemos como  “tierra o país”.

Es decir, el concepto heredado por nosotros en Nicaragua es amplio y sobrepasa el concepto de tenencia que está ligado al de tierra o terruño del cual se deriva la propiedad colectiva o país.  Nuestra concepción de Patria sería mejor definido como la de pertenencia del sujeto a su herencia cultural o histórica donde nuestros antepasados definieron el hoy en que vivimos.  De alguna manera, nuestra concepción es menos materialista y en vez de concebir la Patria como un algo que nos pertenece, es decir, donde nosotros individualmente ostentamos un derecho en conjunto con los otros hijos de la Patria, nos concebimos como que somos tenidos por la Patria, o bien, estamos más bien obligados a ella.  Es por eso que nosotros concebimos en nuestro colectivo a la Patria, más bien como la madre que nos concibe, a la que le debemos respeto, obediencia y protección, de ahí la frase muy utilizada de “Madre Patria”.

De alguna manera, como dice la definición de Wikipedia, esta connotación afectiva de una relación entre hijos y su madre, como es el caso de nosotros los nicaragüenses, está unida a otras, de índole política o ideológica y con fines propagandísticos.  El hijo, aunque ame a su madre, quiere decidir cómo hay que defenderla y mantenerla, pero no todos estamos de acuerdo en ese cómo, y se suscita una diferencia o disputa entre hermanos.

Desgraciadamente nos hemos enfocado tanto en esta diferencia, que hemos perdido la prioridad y sujeto de esta dinámica del conflicto, que es la Madre misma, la Patria.  Preferimos asegurarnos que nuestro método sea el que rija a la madre y a todos nuestros otros hermanos, por encima de la opción de los demás, sin importar que en este proceso nos desgastemos y afectemos negativamente a nuestra Madre común. 

En este diferir, unos cuantos hijos han encontrado que dentro del caos que suscita esta disputa entre hermanos, surgen oportunidades para sacar provecho.  Enriquecerse “dirigiéndonos” es un buen negocio.  Los dirigentes engrosan sus arcas mientras los dirigidos aminoran la propia; nos venden ilusiones, nos instan a eliminar al adversario; nos piden el voto y entregamos nuestro derecho filial (otorgado por nuestra Madre común, nuestra Patria) firmándolo en blanco, logrando solamente extender por unos años más, una esperanza que sabemos no lleva a nada concreto.

Si nuestra Madre fuera lo más importante, nuestro corazón se vestiría solamente con los bellos colores azul y blanco que cubren su ser y desistiríamos de cubrirla de otros colores que empañan su señorial maternidad y, en franca fraternidad, buscaríamos a los hermanos más sabios y justos para que rijan nuestro entorno, teniendo siempre a la Madre como origen y fin de nuestro actuar colectivo.

O, tomemos la otra alternativa y es que así como ya hemos cambiado el Nacimiento por Santa Claus en la Navidad, cambiemos también el sentir hacia la Patria por la de propiedad de un terruño que represente el lugar donde fincamos nuestros proyectos materiales.  Volvámonos Sajones y sencillamente olvidemos nuestro sentir de miles de generaciones que sienten la razón de su existencia en valores que llenan el alma y no las cuentas.

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