Existen tres perspectivas desde donde se puede reflexionar sobre esta palabra, Nación. Uno, que se enfoca en la organización política y jurídica que define el marco de un grupo de habitantes; el otro, se refiere al territorio mismo donde este grupo de habitantes reside. El tercero y el que utilizaremos para referirnos para meditar sobre en ese término, se refiere a los habitantes mismos: "Conjunto de personas de un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma,tienen una tradición común y ocupan un mismo territorio".
El factor común de esta definición que encontré en el diccionario en español de 'World Reference' son las palabras "mismo" y "común", palabras sinónimas en el uso de esta simple definición.
La cualidad que establece este parámetro de Nación es la similaridad. Ésta no se refiere a la homogeneidad en el pensar o actuar, mucho menos a la automatización de un grupo de personas o a la ausencia de originalidad y peculiaridad que las personas adquirimos desde la misma concepción. Se refiere a un interés común, un propósito general similar y un cúmulo de esperanzas para su proyección genética en el tiempo. Quiere decir en otras palabras, que aunque nos diferenciamos en el cómo, compartimos principios fundamentales que nos unen para aspirar un futuro de bienestar común.
Todos, por ejemplo, esperamos existir, vivir, porque sino, no hay razón para pensar, desear, aspirar (nos recuerda a la famosa máxima: "pienso, luego existo"), por lo tanto, edificamos condiciones que promuevan nuestra existencia. Todos, desde el presente, pensamos y actuamos en función del futuro; esperamos que el mañana traiga mejores condiciones a nuestro existir, sino, negaríamos el axioma anterior esperando que nuestra existencia se extinga mañana o empeore, negando la razón misma del presente desde donde nos proyectamos en el hoy.
Esas similitudes que compartimos, con sus raras excepciones, -porque las hay-, en la medida que las "dialogamos" en el tiempo, maduran mas especificidad y se convierten en propósitos mas desarrollados, pensados, afinados que denominamos pactos sociales. Esos pactos sociales reflejan las aspiraciones mas fundamentales que compartimos.
Desarrollamos fórmulas que comparamos unas a otras y después de medirlas entre sí, redactamos fórmulas mas universales que reflejan mas ampliamente nuestras similitudes y las llamamos Principios. De ahí, las sometemos a disciplinas que le dan formas y desarrollamos arquitecturas, esquemas, principios legales que se forman desde derechos y deberes y que acusamos aplicables a todos los que conformamos La Nación.
De esa dinámica muy resumida, nacen lo que las naciones han denominado "Constitución". Compendio de principios que rigen el comportamiento de las personas que conforman una Nación, o conjunto de naciones, y que deciden que éstos se consagran en un juramento general de cumplimiento.
Uno de los principios que son mas delicadamente pensados en estas Carta Magnas llamadas Constituciones, es el principio de que para poder cambiar, editar, añadir o mejorar los principios allí consagrados, debe de reunir cierta condicionalidad que garantice que nadie puede aprovecharse de su posición para violentar los principios sacros y plasmados en ese consenso social y enfocarlos a intereses particulares. Estos actos se consideran en la mayoría de las sociedades como traición.
La traición se refiere al violentar ese compromiso común y adquirido particularmente; se refiere, a romper ese consenso alcanzado en el tiempo y a veces con el alto costos de la sangre de muchos que han luchado desde su presente para heredarnos un mejor futuro que en nuestro presente debería estar forjándose para mantener ese "mejoramiento continuo" de nuestra proyección.
Tarde o temprano, los violadores de ese sacro acuerdo terminan pagando el precio de la arrogancia que con la ceguera del egoísmo creen garantizar a sus vástagos pero que en realidad forjan su desdicha. Es decir, se complacen a si mismo en sus presentes a costa de sus futuros que se monta sobre el lomo de sus hijos que inician inocentes en este camino pero que, en la mayoría de los casos, reiteran el presenta ya pasado de sus progenitores.
El resto, también pagan el atraso de Nación que sufre el conjunto de habitantes por actos como los descritos, pero la Nación es mas grande que los individuos y prevalece a pesar de la ingratitud egocéntrica de algunos. Eso sí, la Nación es una madre estricta que castiga duramente al hijo malo que compromete el bien común por el propio. Es madre estricta. Es madre que desgarra sus entrañas al fustigar a los malos hijos para proteger a los más, a los sumisos, que con su duro pero alegre trabajo, forman día a día La Nación.
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